Mierda, perdí el tren Mataró
qué tanto tarda en venir...
Ahí estaba delante, puertas abiertas
y uno se apura, baja escaleras, las sube,
transpiras el alma
y el señor que maneja esos artefactos móviles de hierro,
insensibles,
no me ve ni a mí ni a los otros,
a un segundo por llegar.
Cierra la puerta (eso parece)
en tus narices.
Cumplió el horario
que no equilibra ninguna balanza.
Mierda, mierda, mierda
No me importa
si en el tren de atrás
viene el amor de mi vida por conocer
ni que no hay mal que por bien no venga...
En este instante: una y mil veces
mierda.
Ya. Respiro.
Llega otro tren.
Subo. Y reconozco que el enojo en realidad
es que a otro tren que llega más lejos que este,
y más cerca de alguien,
es al que quería subir...
No me alcanzó el dinero... tampoco había pasajes.
Menos mal que cumplo 46 años
y estoy grande cita...
¿Sino qué haría?